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Requerimos una comprensión operacional mínima de qué entendemos por cultura

Cuando hablamos de cambios culturales, integración cultural o impedimentos culturales en los negocios, no buscamos una discusión académica sino una articulación pragmática, que no nos permita tomar acción y resolver los desafíos o impedimentos que enfrentan las empresas en sus mercados e internamente.

No es necesario hacer una gran exploración en las diferentes definiciones de cultura, sólo necesitamos tener un conjunto acotado de distinciones que nos permitan desarrollar iniciativas concretas. Requerimos una comprensión operacional mínima de qué entendemos por cultura, sino corremos el riesgo de caer en lógicas simplistas que son útiles para conversar del cambio cultural, pero no para realizarlo.

Curiosamente los desafíos que enfrenta la movilización de las estrategias de negocios en las empresas, son muy similares a los desafíos que se nos presentan en los temas de cambio, transformación o integración cultural.

Entre los aspectos de la cultura que requerimos considerar para cualquier proyecto cultural en las empresas están:

Enfoque de Negocio

Con este elemento queremos revelar que todo cambio cultural pasa por construir una visión de cómo la compañía será vista en el mercado, cómo generará valor en el mercado y para el cliente. Determinar los objetivos a producir y las promesas que hará al cliente, distinguiéndose así en el mercado.

El Estilo

Cuando hablamos de estilo queremos mostrar que la visión de la empresa, no está ajena a la manera particular en que la compañía realiza su operación y la identidad que produce en el cliente. Esto marca un sello particular en la manera de hacer el negocio, no es que la promesa al cliente sea diferente, es la manera particular que la distingue en el mercado.

Las Habilidades

La cultura de las empresas también se soporta por las capacidades del conjunto de la compañía, las personas que la componen. Muchas compañías olvidan que las personas de la compañía serán las responsables de producir en la acción lo que ellas planean o esperan, dejando de considerar las habilidades como una conditio sine qua non para la acción. Cada cultura posee un tipo particular de habilidades, y ellas viven en los hábitos de las personas y se observan en sus prácticas.

Las Herramientas

Cuando una compañía intenta un cambio cultural, debe considerar las herramientas que dispone y que requiere. Cuando hablamos de herramientas, estamos pensando en todo el software y hardware que el negocio necesita para su operación.

Las Estructuras

Las culturas tienden a generar subculturas que se van organizando de manera autónoma en función de múltiples variables que operan en las personas. Las personas se agrupan también en estructuras específicas para cumplir cierto tipo de compromisos. Estas estructuras formales e informales van determinando la cultura de una compañía.

Los Valores

Los valores en las culturas empresariales operan en dos dimensiones diferentes, por un lado están los valores que las empresas declarar poseer, como misiones y visiones, las que configuran en el espacio declarativo y normativo deseado; y por otro, existe un espacio pragmático que no necesariamente es coherente o está conectado con las declaraciones normativas. Estas diferencias se producen tanto porque las prácticas de las personas ocurren más en torno a los hábitos que a las declaraciones y también porque las empresas no son necesariamente coherentes con lo que incentivan a que las personas hagan.

Las Cegueras

Este aspecto es el más lejano al entendimiento de las compañías, pues como la palabra lo indica, son ciegos a sus cegueras. Como fenómeno humano es compartido y nadie ve las cosas que no ve, sólo un observador externo puede mostrar un área de ceguera. Cada cultura tiene su espacio desde donde observa y lo que oculta otros fenómenos. Las cegueras no son individuales o voluntarias, son compartidas y sociales, es decir, pertenecen a toda o la mayoría de una organización.

Lo principal es entender que conversamos porque existimos y existimos porque conversamos.

De lo que se trata es de conversar con los otros, a fin de, comprendiéndolos, ampliar el universo del discurso humanoClifford Geertz

Una parte central del trabajo que hacemos en Iconoclastas con nuestros clientes, es producir nuevos espacios de conversación entre personas que habitualmente no hablan o sólo tienen interacciones acotadas. En mi opinión, las rutinas de las personas tienden a estandarizarse y a convertirse en transparentes, lo que hace se refuerza además porque las personas limitan sus interacciones con quienes cotidianamente se coordinan, reduciendo sus espacios de conversaciones a unas cuantas personas. (more…)

Dar énfasis superiores a las emociones más carentes de hoy; el reconocimiento y el sentido de pertenencia.

El hombre de hoy disfruta de su individualismo hedonista, pero vive angustiado. Consume para ser más feliz, pero no olvida en la lista de la compra los libros de autoayuda“. La Felicidad Paradójica, Gilles Lipovetsky.

Muchas veces ocurren fenómenos que no comprendemos desde las perspectivas que acostumbramos y podemos observar desde nuestro entorno. Cuando ampliamos la mirada y los vemos desde una perspectiva diferente, aparecen distinciones y hechos que permiten no sólo comprender sino actuar de una manera totalmente diferente frente a ellos.

Un caso que puede ejemplificarnos, es la permanencia y satisfacción de los empleados en sus empresas. Abordemos este tema desde una perspectiva más amplia que las empresas propiamente tal, abramos esta conversación observando un fenómeno de nuestras sociedades contemporáneas: el hiperconsumo.

Los empleados como personas viven en una sociedad donde enfrentan múltiples ofertas de bienes y servicios y muchas veces a su alcance, según el porcentaje de sus ingresos que destinen a ellas o de las posibilidades de endeudamiento que posean. Por otra parte, las antiguas culturas y distinciones de clase o segmento social se están erosionando, ya son menos inteligibles y la pertenencia a un grupo social no establece ya los modos de consumo.

Antes podíamos segmentar por consumo e identificar un nivel socioeconómico a través de observar los patrones de consumos de las personas, lo mismo en las empresas, los distintos niveles de salarios estaban muy relacionados a los niveles socioeconómicos y claramente a los modos de consumo de los empleados.

Curiosamente, la mayor oportunidad de acceso a la amplia oferta de bienes y servicios no ha redundado en una mayor satisfacción personal o satisfacción de los empleados en las empresas que trabajan, es fácil observar la permanente tensión entre el nivel de ingreso y los niveles de gastos, con las consecuencias de sobreendeudamiento, una permanente búsqueda por incrementar los ingresos y la expectante búsqueda de nuevas oportunidades en el mercado laboral.

Lo anterior, también está referido a una desestabilización emocional de las personas. Una interpretación disponible, es que la debilidad tendría su origen en el hecho que cada vez estamos menos provistos para sobrellevar las adversidades de la vida, y ello no porque la valorización y culto al éxito o al consumo induzca esa debilidad, sino porque las instituciones sociales han dejado de aportar la sólida armazón estructuradora de los tiempos pasados. La familia cada vez es más frágil, los empleos de por vida ya no existen, la espiritualidad hoy se compra y se vende, lo que no es ningún secreto. Como efecto, observamos cada vez más personas con alteraciones psicosomáticas, depresiones y otras angustias que se reflejan en problemas frecuentes en las empresas.

En este contexto, estamos frente al surgimiento de un nuevo estilo de vida, el hiperconsumidor, que en contraste al hedonista, un ser que ya no desea sólo el bienestar, lo que ahora anhela es armonía, sensación de plenitud, felicidad y sabiduría. Sin embargo, para su desgracia, el hiperconsumidor se afirma tanto en sus emociones, que éstas no terminan nunca de ser satisfechas, y la experiencia de la decepción surge y apremia a distintos estratos de la sociedad.

Podemos actuar frente a estos fenómenos con pasividad y asumirlos como hechos frente a los cuales no tenemos acciones posibles de diseñar y realizar ya que escapan al campo de acción de las empresas. Es posible explorar al menos en dos aspectos, el hiperconsumo y la ausencia de instituciones solidas que den protección y sentido a las personas.

Desde la perspectiva de la ansiedad frente a las emociones no satisfechas del hiperconsumidor, las empresas pueden rediseñar sus estilos de relación y compensación con sus empleados, dando énfasis superiores a las emociones más carentes de hoy; el reconocimiento y el sentido de pertenencia. Es posible aprovechar la tensión de las personas frente a la inquietud que surge de vivir en un mundo que se ha disociado de la tradición y con un futuro incierto, construyendo espacios de certidumbres posibles, ofreciendo pertenecía y reconocimiento y no sólo mejoras en los ingresos, producir un sentido de futuro que muestre sino un camino resuelto al menos como caminar serenamente en el presente.

El zapping es más una búsqueda de placer y acción que un simple cambio canal de televisión.

Zapping es la práctica de cambiar de canal de televisión repetida y reiteradamente “.

Desde que el control remoto se masificó permitió revelar varias prácticas e influyo en otras. Por una parte permitió el desarrollo de varias prácticas y acopló otras ya existentes con algunas nuevas que cambiaron el ver TV, desde una práctica familiar a una individual. Sin exagerar, podemos observar un cambio radical en la publicidad de los comerciales descriptivos del producto a los comerciales de alto impacto emocional y visual. Pero también en varias otras prácticas sociales asociadas a los medios y algunas bastante lejanas a los medios.

Una de las razones que las personas dicen que lo hacen es por buscar algo que nos guste más que lo que estaban viendo.

En Internet le llaman surfing asociándola a la práctica de navegar, pero es el mismo fenómeno. Ahora si lo hacemos en banda ancha, obtenemosademás la emoción de la velocidad, porque el zapping también incluye la emoción de rapidez del cambio.

Quiero cambiar y hacerlo rápido

Como decía, el zapping ha permitido acoplar prácticas antiguas con nuevas, no es que el zapping se ael responsable de las actuales neurosis de búsqueda de placer rápido y diferente en corto tiempo que podemos observar en diferentes ámbitos de nuestra existencia (cambiar el auto cada año, mudarse de casa en un año, cambiar de parejas en meses, etc.). Algún determinista tecnológico diría “dado la aparición del control remoto la gente hoy es más promiscua”, no es así a mi juicio, el zapping representa una expresión de la forma de actual de vivir. A través del zapping podemos ver reflejadas varias prácticas sociales.

Que aburrido estoy o que aburrido soy

Nuestra relación actual con el zapping es más una búsqueda de placer y acción que un simple cambio canal de televisión. Para contrastar, podemos ver que los únicos que se liberan de alguna forma a este zapping contemporáneo son algunos monjes budistas (Emociones Destructivas). Ellos sin movimientos físicos y mentales logran el éxtasis. Claro no son muchos, pero nos sirve de ejemplo que es posible vivir de una manera diferente.

Hay varias maneras de observar como influye el zapping en nuestras vidas pero creo que la más evidente es mostrarnos una señal de aburrimiento, pero a la vez refuerza el aburrimiento y el sentido de búsqueda sin fin, es un intento casi siempre vano para escapar de la rutina, de lo mismo y de la repetición. Hasta que se convierte en eso también y atrapa a la víctima.

Cambia… para que no te cambien

El sentido de aburrimiento es tan grande en nuestra sociedad dominada por la seducción continua y a la carta (Lipovetsky), que nos hace pensar que la única manera de escaparse de él es a través del cambio continuo y variación permanente.

Esta manera de ver la vida nos lleva a siempre estar buscando el cambiar por cambiar, el desechar, desde luego no es un cambio por obtenerlo mejor, sino más bien por no perderse de estar en lo último, en lo más cool. Ahora si no escapamos del zapping terminamos viviendo al igual como vemos televisión, paseando frenéticamente por la vida sin ninguna persistencia (muchas ojeadas a programas pero sin ver ninguno), pero más aún con la sensación de perdida de tiempo y sin mucho sentido de que hacemos o experimentamos.

Una narrativa es una historia que alguien cuenta.

Una narrativa es una historia que alguien cuenta. Las narrativas no son relatos o registros de eventos, son las historias que las personas realizan con el propósito de explicar, justificar y dar coherencia a través del tiempo, a sí mismas y a su entorno.

Si observamos el amor como se entiende a partir de Romeo y Julieta, aparece una historia romántica que explica y da coherencia a una forma de relación entre un hombre y una mujer, la cual perdura hasta nuestros días. En esta historia romántica occidental al mirar hacia atrás, nosotros nos contamos una historia acerca como vivimos, lo que somos y como llegamos a serlo. Es una autointerpretación. Al explicar, justificar o dar coherencia a nuestra historia, producimos un cuento acerca de lo que somos y cómo llegamos a ser quienes somos.

Vivimos en estas narrativas. Lo que llamamos nuestros valores, nuestros intereses y nuestros estándares para vivir, están fundados en dichas narrativas. No se piensa en estas narrativas tanto como se actúa a partir de ellas. Consistentemente con los estándares de acción y con las acciones de justificación personificadas en ellas.

Todos nosotros caemos en estas narrativas. No son historias personales acerca de la vida de una persona, son sociales e históricas. Cualquier persona se encuentra siempre inmersa en narrativas que le preceden y que son mayores que su propia existencia.

Las conversaciones de la vida de una persona ocurren desde estas narrativas históricas. Ellas fundamentan sus intereses, posibilidades y estándares para actuar y evaluar sus acciones y las ajenas, estamos en medio de estas narrativas antes de efectuar ninguna acción antes de hablar o escuchar en cualquier conversación.