Como seres humanos es más importante el hecho de que hablemos que lo que decimos
Escuchamos que estamos viviendo en la “era de la información”. Información, datos, resultados, unidades binarias, ruidos, etc. se entienden en relación a los teléfonos y las computadoras. Exploremos algunas en algunas Interpretaciones en este fenómeno.
El modelo tradicional y sus problemas
El sentido común de “información” está asociado a la transmisión de datos entre emisores y receptores, lo que fue inventado por C. Shannon en la década de los cuarenta. A partir de sus experimentos “emisor–receptor”, surgió el actual entendimiento dominante de la comunicación.
Este modelo de comunicación, paradójicamente es el gran causante de nuestros problemas de comunicación. Nuestro sistema nervioso no es como un teléfono o una computadora. La comunicación entre seres humanos no es como la transmisión de unidades binarias de una mente a otra a través de los sentidos. Como seres humanos es más importante el hecho de que hablemos que lo que decimos. Intuitivamente lo apreciamos.
El modelo de Shannon ha producido una subestimación de la conversación en el bienestar de la gente y las comunidades, en el existir mismo como seres humanos. No podemos vivir sin conversar Por otro lado, hay un cierto engaño en ese modelo que consiste en presentar la información como proveniente del exterior, pero la biología (H. Maturana, F. Varela, etc.) actual nos muestra que el sistema nervioso es una red cerrada de neuronas. Genera su propia información. Recordemos el significado original de información que quiere decir “formada adentro”.
Un modelo alternativo
Mirando la biología de nuestros sistemas sensoriales podemos entender que estos no sienten nada más que sus propios cambios de estado. En el sistema nervioso no existe “adentro” o “afuera”; son invenciones de los observadores. El sistema nervioso no puede salir de sí mismo, pero las palabras y los símbolos permiten a las personas creer si que pueden. Este enfoque va contra la intuición y es difícil de aceptar. A nosotros nos educaron a pensar que captamos el mundo exterior real.
El sistema visual parece ser la ventana al mundo. Los párpados se abren, pero las neuronas de la retina no. Sólo reaccionan a los cambios de luz. La luz exterior no puede entrar. Las experiencias atribuidas a la luz son creadas en nuestro interior. Nuestras vidas experimentales tienen lugar dentro del espacio cerrado de nuestro sistema nervioso, sin embargo debido a nuestro acoplamiento con el medio, logramos interactuar bastante bien. El sistema nervioso es incapaz de distinguir entre la realidad y la ilusión. Es difícil conocer las contribuciones exactas del medio al estado interior.
Las distinciones entre realidad e ilusión son distinciones sociales y no perceptivas. Los sueños son tan reales como cualquier otra cosa. Al despertarnos los consideramos ilusión. Pero la persona que describe la realidad como un sueño del cual todavía no ha despertado, no está tan errado como podría parecer a primera vista. Si lo miramos en un contexto social y cultural. Muchas veces es improductivo mostrar a personas deprimidas una “realidad” diferente a al suya, eso muchas veces genera más amargura, incomprensión y también sospecha. En el mismo sentido, no es muy apropiado ir a una cultura diferente y criticar a las personas porque hacen las cosas de manera diferente. Sería mejor observar y escuchar tratando de encontrar significado en sus acciones. Cada uno de nosotros está convencido de la validez de sus percepciones de acuerdo a su marco de referencia social o cultural.