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¿Cuántas cosas hacemos al día que no resultan? ¿Cuántas cosas planeamos y no hacemos? ¿Cuántos propósitos se quedan sólo como propósitos?

Les suena familiar tener distintos planes en mente y que simplemente ahí se queden, esto nos sucede recurrentemente a todos porque no observamos la coordinación como el foco a todos estos planes y compromisos que hacemos cotidianamente.

Si entendemos que la coordinación es el cumplir los compromisos que tenemos acordados con otras personas y con nosotros mismos, tendremos resultados efectivos, pero ¿cómo hacer esto? La respuesta es fácil, pero se requiere de prácticas que produzcan acción y lo complejo es sostenerlas.

Estas prácticas de coordinación hay que observarlas como redes de coordinación entre personas y siempre ocurren cuando se hacen ofertas, pedidos, declaraciones, promesas y nada más. Por consecuente cuando nos fallan los compromisos es porque faltó un pedido, una promesa o una oferta o porque una de éstas no se cumplió.

Respondiendo a las preguntas iniciales podemos mirar o reflexionar qué compromisos no hicimos, no cumplimos o no nos cumplieron y tendremos la respuesta de porque no ocurren las cosas como quisiéramos.

Los mismos problemas ocurren en las empresas cuando los planes o las estrategias no se movilizan o hay clientes insatisfechos, es porque ocurre el mismo fenómeno de falta de coordinación, el cual sucede tanto en la vida personal como profesional, porque es algo que no vemos hasta que logramos incorporar una nueva forma de mirar la acción.

Lo principal es entender que conversamos porque existimos y existimos porque conversamos.

De lo que se trata es de conversar con los otros, a fin de, comprendiéndolos, ampliar el universo del discurso humanoClifford Geertz

Una parte central del trabajo que hacemos en Iconoclastas con nuestros clientes, es producir nuevos espacios de conversación entre personas que habitualmente no hablan o sólo tienen interacciones acotadas. En mi opinión, las rutinas de las personas tienden a estandarizarse y a convertirse en transparentes, lo que hace se refuerza además porque las personas limitan sus interacciones con quienes cotidianamente se coordinan, reduciendo sus espacios de conversaciones a unas cuantas personas. (more…)

Escuchar es un asunto extremadamente relevante en muchas esferas de negocios. Escuchar es una habilidad clave para implementar fusiones y adquisiciones, desarrollar nuevos productos, lanzar una “oferta pública de compra” de una compañía o liderar y manejar al equipo ejecutivo.

Frecuentemente, la gente con reputación de “buenos escuchadores” están invitados y de alguna manera incluidos en esas actividades de negocio.

Algunas veces las compañías desarrollan una forma de escuchar única sobre su mercado, a veces toman fuertes riesgos. Otras compañías invierten y capacitan a sus ejecutivos, dado el valor que genera esta habilidad.

La capacidad de escuchar puede ser evaluada de manera pragmática y financiera.

Es relevante la capacidad de escuchar nuestro propio escuchar y escuchar el cómo escucha el otro. Sin embargo, esta última clase de escuchar, la llamamos “meta-escuchar“, es el dominio de las personas que diseñan nuevos campos de acción, nuevas ofertas o innovaciones; el campo en donde se pueden anticipar las tendencias en la industria y mercado que enfrentará el negocio, al distinguir patrones de escuchar y los hábitos asociados a la manera en que las personas interpretan y actúan. Además, es el espacio de desarrollo de prácticas nuevas que producen acción efectiva y anticipan las preocupaciones del Cliente.

Si comparamos con la inversión en tecnología asociada a la comunicación (los CMR, las Plataformas de Servicio al Cliente o la Gestión del Conocimiento Herramientas) la inversión en la teoría de escuchar, en el contexto de los negocios, es inexistente. Pensamos que la capacidad de escuchar y cultivar el escuchar es una habilidad crucial para realizar proyectos innovadores o para dar valor y significado a las iniciativas que están en desarrollo en las estrategias de las compañías.

Escuchar es el compromiso inquebrantable para revelar a los Clientes, Accionistas y Empleados, posibilidades en otros mundos, posibilidades que importan a otros y a nuestros negocios.

Escuchar al Cliente, como aspecto fundamental, requiere poner atención no sólo en lo que dice, sino en lo que no dice, en lo que le incomoda, en sus sueños y sus resignaciones.

Escuchar y conectarse con las emociones de los Cliente, compartir sus contextos y entender sus preocupaciones siempre revelan qué y cómo mejorar en el negocio. Además, permite poner el foco de la acción en ellos y orientarnos a lograr resultados que produzcan utilidades.

Generamos nuestra identidad en nuestras conversaciones y acciones.

Hay varias manera de abordar la identidad, lo que haré en este momento será abordarla como campo de conversaciones donde nos revelamos como personas. Una manera de ellas es abordarla en relación a las promesas y la confianza, pero en este momento la abordaremos desde las auto-narrativas.

En nuestras auto-narrativas regularmente atribuimos a algún evento en particular una especial importancia en la formación de nuestra identidad. Por ejemplo, decimos que tomamos una decisión acerca de nuestra profesión o nuestra educación, sobre la base de un evento fortuito: un encuentro con una antigua amistad, una conversación con un familiar o la lectura de un libro con el cual nos encontramos.

La aparición del “yo”

Nuestra interpretación tradicional del “yo” nos lleva a vernos como seres humanos, y a la vez como poseedores de un “yo” interior que es independiente de nuestro cuerpo y de nuestra historia. Al “yo” le atribuimos un tipo de existencia inmaterial, que vemos como constitutiva de nuestra identidad única como personas. Entendemos a este “yo” como algo permanente, capaz de cambiar sólo lentamente (si es que puede cambiar del todo) y, por sobre todo, como algo privado. De hecho, tendemos a verlo como la parte más privada de nosotros mismos, que podemos esconder completamente de los demás si así lo deseamos. Frecuentemente constituye para nosotros un espacio interior, independiente de toda realidad externa, y a partir del cual podemos observar transcurrir al mundo.

Proponemos que no existe el “yo” interno.

Identidad pública

Generamos nuestra identidad en nuestras conversaciones y acciones. En esta interpretación nuestra identidad es tanto pública (compartida), como histórica. Por el contrario al sentido común, no construimos nuestras identidades solos. No somos los únicos inventores de nuestras identidades, ni tenemos la libertad de modificarlas como y cuando lo deseamos.

En nuestras conversaciones con nosotros mismos, incluyendo el relato de nuestro pasado, nuestros juicios y planes para el futuro, podemos abrir nuevas posibilidades, declarando nuevas y cerrando viejas posibilidades. En la medida que observemos más claramente los discursos históricos (próximamente abordaremos en extenso este concepto) en los cuales están insertas estas auto-narrativas, seremos más efectivos para hacer esto. Es importante entender que al declarar nuevas posibilidades para nosotros, estamos solamente estableciendo una dirección en la cual podemos, iniciar la construcción de una identidad para nosotros.

Creamos una identidad “en la danza de conversación y acción” en la cual nos involucramos con otros, en el escuchar de nosotros como posibilidades que provocamos en ellos y en respuesta a ese escuchar.

Producimos nuestra identidad, no en nuestro “ser interior”, sino en la red pública de conversaciones en la que participamos, la cual está inserta en una multiplicidad de discursos históricos y que está cambiando constantemente a través de nuestra participación y la de otros y en nuestras mutuas respuestas a dicha participación.