Iconoclastas

Cultivando Relaciones

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No existen grandes diferencias entre las relaciones de trabajo, negocio y sociales

Muchas veces no nos damos cuenta de la importancia de hacer relacionescon otras personas. En todos los espacios donde nos desenvolvemos, siempre existen personas con algo en común con nosotros y sino siempre hay conversaciones donde podemos aprender de la historia y experiencia de otros.

No existen grandes diferencias entre las relaciones de trabajo, negocio y sociales, creemos que unas son más serias que otras, pero la realidad es que estas se cultivan y se mantienen de la misma forma. Claro que en el aspecto laboral, debemos buscar la forma de llevar la relación laboral a un espacio más abierto y de confianza donde se pueda conversar de distintos temas, esto te abre posibilidades con los demás.

Si reflexionas en la forma de comportarte con tu pareja o con tus amigos, debes pensar en ser igual con un cliente, un compañero de trabajo o una persona con la que colabores, se nos olvida que con los que tratamos en los negocios también son personas y si estás a cargo de ellos se produce una confianza que fortalece la relación.

Claro que si esto te lleva a la reflexión contraria, de que no cuentas con buenos amigos, ni pareja, talvez estés ciego y equivocado a las prácticas que realizas con las personas y lo mismo te puede estar sucediendo en el aspecto laboral, lo cual te perjudica a perder clientes o posibilidades con estos en el futuro.

Este tema es de suma relevancia ya que en el mundo actual grandes negocios se cierran en espacios sociales y muchos se abren también, por eso debemos mirar las relaciones como un factor clave para movernos en los entornos donde vivimos, sobre todo en la cultura mexicana, las cosas se consiguen por el hecho de tener la relación, más que por un buen servicio o por la calidad de la oferta.

Sugiero pongan foco rojo en la forma en que se desenvuelvan, porque les aseguro que su forma de comportarse en sus espacios sociales es muy similar en el trabajo, por eso tomen en cuenta que las relaciones de cualquier tipo necesitan de cierta recurrencia, cercanía y estar a cargo del otro, y esto es una condición para ambas partes.

La Identidad

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Generamos nuestra identidad en nuestras conversaciones y acciones.

Hay varias manera de abordar la identidad, lo que haré en este momento será abordarla como campo de conversaciones donde nos revelamos como personas. Una manera de ellas es abordarla en relación a las promesas y la confianza, pero en este momento la abordaremos desde las auto-narrativas.

En nuestras auto-narrativas regularmente atribuimos a algún evento en particular una especial importancia en la formación de nuestra identidad. Por ejemplo, decimos que tomamos una decisión acerca de nuestra profesión o nuestra educación, sobre la base de un evento fortuito: un encuentro con una antigua amistad, una conversación con un familiar o la lectura de un libro con el cual nos encontramos.

La aparición del “yo”

Nuestra interpretación tradicional del “yo” nos lleva a vernos como seres humanos, y a la vez como poseedores de un “yo” interior que es independiente de nuestro cuerpo y de nuestra historia. Al “yo” le atribuimos un tipo de existencia inmaterial, que vemos como constitutiva de nuestra identidad única como personas. Entendemos a este “yo” como algo permanente, capaz de cambiar sólo lentamente (si es que puede cambiar del todo) y, por sobre todo, como algo privado. De hecho, tendemos a verlo como la parte más privada de nosotros mismos, que podemos esconder completamente de los demás si así lo deseamos. Frecuentemente constituye para nosotros un espacio interior, independiente de toda realidad externa, y a partir del cual podemos observar transcurrir al mundo.

Proponemos que no existe el “yo” interno.

Identidad pública

Generamos nuestra identidad en nuestras conversaciones y acciones. En esta interpretación nuestra identidad es tanto pública (compartida), como histórica. Por el contrario al sentido común, no construimos nuestras identidades solos. No somos los únicos inventores de nuestras identidades, ni tenemos la libertad de modificarlas como y cuando lo deseamos.

En nuestras conversaciones con nosotros mismos, incluyendo el relato de nuestro pasado, nuestros juicios y planes para el futuro, podemos abrir nuevas posibilidades, declarando nuevas y cerrando viejas posibilidades. En la medida que observemos más claramente los discursos históricos (próximamente abordaremos en extenso este concepto) en los cuales están insertas estas auto-narrativas, seremos más efectivos para hacer esto. Es importante entender que al declarar nuevas posibilidades para nosotros, estamos solamente estableciendo una dirección en la cual podemos, iniciar la construcción de una identidad para nosotros.

Creamos una identidad “en la danza de conversación y acción” en la cual nos involucramos con otros, en el escuchar de nosotros como posibilidades que provocamos en ellos y en respuesta a ese escuchar.

Producimos nuestra identidad, no en nuestro “ser interior”, sino en la red pública de conversaciones en la que participamos, la cual está inserta en una multiplicidad de discursos históricos y que está cambiando constantemente a través de nuestra participación y la de otros y en nuestras mutuas respuestas a dicha participación.

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